LAS APUESTAS NO MUTUALES: UNA ALTERNATIVA QUE MERECE MAYOR CONSIDERACIÓN

©Benoit Photo

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Por Ramon Brito.

Por todos es sabido que la principal fuente de ingresos para un hipódromo – a excepción de aquellos países en donde están prohibidas las apuestas – es la recaudación proveniente de la jugada. En consecuencia, mientras más se apueste mayor es esa recaudación, y por ende los beneficios para los protagonistas del espectáculo aumentan por la vía principal de un mejor pote de premios. Es por ello que los hipismos organizados mantienen celosa vigilancia de los montos de la jugada y buscan los mecanismos a su alcance para lograr que los mismos crezcan. Sin embargo, existe la percepción generalizada – sobre todo en los últimos años – de que ese crecimiento no es necesariamente el esperado. En Norteamérica, la actividad hípica compite con dos principales rivales a la hora de atraer nuevos clientes y aumentar sus ingresos: las apuestas deportivas y los casinos.

La diferencia fundamental entre las apuestas hípicas y su competencia es la modalidad de las mismas. En las carreras de caballos la jugada es mutual (pari-mutuel, en inglés), lo que significa que el retorno de la apuesta ganadora dependerá siempre de una proporción determinada por el porcentaje de personas que coincidan en su selección. Dicho en otras palabras, el dividendo de la jugada está directamente relacionado con la preferencia del público. Esto no ocurre en las apuestas deportivas ni en los casinos. En ambos casos, los dividendos a percibir están predeterminados, por lo que el apostador conoce de antemano cuánto puede  cobrar en caso de que su escogencia sea acertada. Esta modalidad de apuestas es definida como “no mutual”.

No pocos analistas coinciden que una de las debilidades de los hipódromos a la hora de atraer nuevos clientes (aficionados) es precisamente la presunta complejidad de la apuesta mutual. A veces resulta frustrante para un apostador haber tomado la decisión de poner su dinero en un ejemplar que al momento de adquirir su boleto ofrecía, digamos, 3-1, y que luego de darse la partida de la carrera el dividendo de ese mismo ejemplar termine con una proporción de 1-1. La satisfacción de ganar se ve disminuida por el reducido retorno de la apuesta. Situaciones similares son difíciles de explicar para el aficionado que va a un hipódromo por vez primera, e incluso para el visitante casual de un hipódromo.

Quienes apuestan en eventos deportivos, o quienes asisten a un casino – presencial o virtual – toman sus decisiones sabiendo con exactitud cuánto pueden ganar en caso de haber acertado en su selección. En este caso, el dividendo de cada jugada no depende en lo absoluto de la preferencia del resto de los apostadores. Se trata de una proporción fija, previamente establecida por la casa de apuestas; y si esa proporción llegase a variar en un momento determinado, no se afecta el dividendo a cobrar de las jugadas previamente realizadas. Resulta lógico pensar en ello como una ventaja competitiva de la apuesta no mutual.

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